Vargas Llosa dos veces
La Literatura peruana y su nobel
Es difícil, por no decir imposible, no reconocer la importancia de Mario Vargas Llosa, en el panorama de la Literatura de esta Nación por diversas razones. En este caso, nos quisiéramos centrar solo en dos puntos bien definidos y que erigen una valla para cualquier escritor que busque ser luminaria en medio de un pueblo mezquino en lectores, pero, paradójicamente, rico en escritores. No ahondemos en lo "maravilloso" de esta tierra, sino en la figura de su escritor vivo más importante del siglo XX, claro está, sin descontar a José María Arguedas y a César Vallejo.
1. Urbi et orbi
La ciudad y los perros marcó el primer quiebre de la Literatura peruana por una sencilla razón: el mundo supo que existía. Vargas Llosa es el gozne que articula nuestra experiencia artística y vital a una amplia gama de perspectivas que no tenían en cuenta el arte, como una impronta poderosa, en el Perú.
Poco antes de la publicación de La ciudad y los perros, Ribeyro anotaba en un artículo, que Lima carecía de su novela a diferencia de muchas ciudades importantes del mundo que ya contaban con la suya (se refería a Francia, por citar un ejemplo cercano a sus lecturas). Esta inquietud de nuestro cuentista mayor (también del siglo XX), delataba algo en que todo escritor del 50' supo anotar en su producción: Lima estaba cambiando y se hacía inmensa, abominable... y alguien tenía que cargar sobre sus hombros la labor de cartografiar sus subjetividades .
Hubo intentos, sin duda, pero ninguno gozó de la técnica necesaria para dar cuenta de la multiplicidad de esta ciudad. No bastaba con el contenido caótico, sino que se debía aunar equilibradamente (hecho que se nota a leguas en la novela citada) la pasión del espacio emergente y la arquitectura verbal que diera cuenta de su dinámica.
Luego de la publicación en España de la novela, sobre la vida de unos alumnos del colegio "Leoncio Prado", nada volvería a ser igual en nuestras letras: la emoción del Boom invisibilizaría a una estela considerable de escritores y varias miradas se concentrarían en un aspecto de nuestra vasta gama creativa, generándose, hasta ahora, una especie de miopía crítica.
El primer quiebre estaba dado y por un joven escritor de 27 años, para envidia de muchos, que supo hacer su tarea hasta el punto de profesionalizar la escritura y crear una leyenda a la que muchos jóvenes escritores apuntan hasta hoy a cuenta y riesgo, del fracaso.

Foto: Terra
2. El número 6
Vargas Llosa ha pasado al selecto club de los nobel (bien merecido dicho sea de paso) que en un principio se le hizo esquivo por una razón práctica: su giro ideológico. No hay que olvidarlo, la Academía sueca, tiene su corazón contestatario y el autor de La casa verde, desilusionado, no pudo resistir a las maravillas del capitalismo que dicha academia, no supo perdonar, sino hasta varios años después. Exactamente el 2010, como sexto en la lista de latinoamericanos premiados.
¿En dónde radica la aquiescencia del nobel para el escritor peruano? Quizá dos de los premios más espinosos de otorgar son los de Literatura y de Paz, ya que estos requieren el análisis del periplo total de la actividad del candidato y su compromiso fehaciente con causas justas (el arte lo es sin duda) hasta el final de sus días; sino observemos la cuestionable premiación de Barak Obama.
En fin, la línea firme de Vargas Llosa ha sido siempre la libertad del hombre frente a cualquier dictadura (mental, política, sentimental, sexual, etc.) e incluso ahora, años después de su incursión en el bando neoliberal, reconoce sus nocivos efectos; claro que no lo dice con todas sus letras, pero uno se puede percatar de esa inquietud frente a problema que requieren de lucidez para comentarlas o criticarlas. Nuestro escritor no ha perdido su toque, incluidos sus tropezones que también han sido considerables.
El detonante, creemos, para que Vargas Llosa haya ganado el nobel, sale del plano de las letras y se instala en el plano del poder y la política. La Academia sueca supo ver en la renuncia a la Presidencia de la Comisión del Lugar de la Memoria, por la cuestión del nefando Decreto Legislativo 1097, que abría las puertas a criminales contra los derechos humanos, e inclusive, lograr que sea derogada; la fidelidad del novelista al hombre que sufre y que no merece ser olvidado.
Contra el gobierno de Alan García y contra la ingente burocracia, respondió como cualquiera de sus personajes; demostró esa integridad, aparentemente desfigurada por su cambio de bando, que el artista no debería obviar: la plenitud y pasión humana más allá de ciertas etiquetas. Arte, política y poder hicieron un cuadro que lo lanzó nuevamente a los ojos del mundo y de la cúspide literaria sin reticencia alguna.

foto. zuma
3. Arte y poder
Quiérase o no, estas son dos de las más fuertes razones por las que Mario Vargas Llosa brilla con sello propio. Darle dos golpes al arte literario peruano y preservar (con altibajos) la figura tensa e intensa del artista y el político no son puntos despreciables en el panorama estético actual que se distingue, precisamente, por ausentarse de la escena del poder con juegos que se ciñen al carácter de las cuatro paredes y de una intimidad que pareciera no deber ningún combate a la ciudad ni a las leyes cuando precisamente urge la mirada lúcida y combativa.
No queremos decir con esto que nuestro único nobel no tenga contradicciones o "criollamente" hablando, sus "patinadas"; solo que, hacer un balance de este creador, sirve para hacer un balance de una Lima que, tal vez, sea una ciudad sin artistas... digo, es un decir.
Escrito por
Creyente, extranjero, hermano menor de las palabras.
Publicado en
Nos hemos peleado tanto que ya es hora de volver a los abrazos.