Viernes Santo
De derechos más que deberes...
[S]erá muerto un ungido, sin que se encuentre culpa en él...
Ya que se habla tanto de reflexionar, pero nunca se precisa qué (es claro que ahora muchos por cobardía o por no sonar modernos, obvian el tema de estos días que es la pasión, muerte y resurrección del Nazareno), en base a una necesidad fundamental de estos tiempos, me atreveré a unas cuántas líneas.
Después de la Segunda Guerra mundial se estableció que el hombre debía de dejarse de atrocidades puesto que ya había llegado a su tope. Se estipularon documentos para su cumplimiento en bien de la humanidad y de las generaciones venideras con el único objetivo de la paz y la convivencia fraterna de nuestra especie.
Hizo su aparición en escena una palabra que se ha convertido en toda una moda y de la que no nos hallamos exentos, sobre todo ahora que los ánimos socio-político-religiosos (no queremos resumirlo en la palabra poder por una cuestión de matices) están más que calientes... Me refiero al derecho. Parece como si se hubiera encontrado la buena forma de maniatar todo lo que se pusiese en el camino. El derecho se ha convertido en la más perfecta aplanadora del diálogo, en primer lugar, y de todo aquello, que merezca tiempo antes de una buena o adecuada decisión.

Camino al Gólgota de Bansky
Derecho a abortar, a la unión homosexual, derecho al respeto de las tierras indígenas, derecho a no ser contaminados, derechos de los animales, derecho a una vida digna, etc., etc. Solo he puesto unos cuantos que están en palestra y que merecen, cada uno, su tiempo, su cordura y su orden. Pero claro, y con respeto a diversos factores que los impulsan, exacerbados por una maquinaria movilizada por el capitalismo, llamado individualismo, han perdido horizonte y se han llenado de ignorancia. Dije individualismo, no individuo. Y la otra cara de la moneda, no menos encabritada y con vacíos argumentales, el derecho a la vida, el derecho a una familia tradicional, derecho a la libre determinación, derecho a respirar aire y agua limpios, derecho al espectáculo, etc., etc.
Todo se ha convertido derecho. La libertad misma ha bajado los brazos para ser derecho y más derecho. No obstante, es importante aclarar que el fundamental y digno derecho tiene un hermano oscuro, molesto, pesado, pequeñísimo frente a su hinchado hermano (no malvado por supuesto, manipulado tal vez, pero jamás malvado).

Virgen y el niño de Bansky
Nuestra reflexión de estos días puede girar entorno, entonces, del deber. ¿Qué de lo que debemos, no estamos haciendo? Se hace tanta bulla por lo que se quiere, pero, ¿y dónde el "palo" cuando omitimos hacer? El deber nunca ha sido popular y menos ahora en el que se enarbola el placer. No se me mal entienda: los placeres son importantes, pero cuando tenemos la mente concentrados en ellos, perdemos perspectiva. El deber hace el balance justo cuando estamos hastiados de que no se nos escuche. ¿Cuál es mi deber? Realmente lo que me place en contra de todo y todos es justo o solo debo sacar mi banderita y pedir a gritos por una parte de mi existencia.
Me atrevo a decir que la médula es el deber y no el derecho (que es músculo). Kant ya la había dicho, pero lamentablemente Kant también puede justificar muy bien dictaduras. Después de la Segunda Guerra Mundial se acabó con el fascismo, pero esa solo era una apariencia: se quebró con su solidez hasta atomizarlo. Vivimos microfascismos, fascismos moleculares contra los que deberíamos combatir con esa libertad que también tiene ligazón con el deber.
En tanto reflexivas estas líneas, ¿hay un equilibrio de fuerzas en este panorama al que no podemos ni debemos esquivar? La libertad como creación humana apunta justamente a esa reflexión profunda de nuestros actos.
Uno de los primeros derechos es a salir de la ignorancia de cada tema que se discute, tenemos derecho a hablar de cualquier tema, pero tenemos el deber de investigar, de informarnos bien para tener una opinión formada, por no decir crítica. El acceso está dado, pero el feo rostro del deber nos aísla en la omisión.
¿Qué es más importante? Eso cada uno puede responderlo con un poco de evaluación. Hay pobres en el país, pero nadie marcha por ellos, nadie pone presión al Estado para que atienda sus necesidades y cree mecanismos para darles autonomía y no migajas de transnacionales. Hay corrupción en el país, pero nadie se pone la meta de dejar de ser corrupto en la medida de lo posible, todos votan y después se quejan (se me viene a la mente la hermosa novela de Saramago, Ensayo sobre la lucidez).

La paz moderna por Bansky
Pero bueno, es fácil pasarse de fresco antes que asumir el orden de las necesidades. Si no, pregúntenle a Cristo crucificado, es obvio que no quería morir por el dolor, la soledad, la oscuridad, por su inocencia, pero debía morir a mano de los hombres para (¡Paradójicamente!) ser bendición. Derecho y deber; vida y muerte si se quiere. No estamos entendiendo bien esto del dolor del que no podemos sustraernos, de la limitación que, antes que enemiga, nos engrandece. Dejémoslo así por ahora. Para la reflexión.