Volver a Kant
Homenaje por el natalicio del filósofo del criticismo
Parece casi digno de risa que, mientras todas las ciencias progresan incesantemente, la que se tiene por sabiduría misma, cuyo oráculo todos los hombres consultan, dé vueltas siempre en la misma dirección, sin poder avanzar un paso.
Immanuel Kant nació un 22 de abril de 1724 en Konigsberg, una pequeña zona de la antigua Prusia Oriental. Su valor para la humanidad es inigualable. Después de Platón podríamos considerarlo como el segundo filósofo más importante de la historia y las razones son varias, pero queremos situarnos en la última etapa de su pensamiento, en la construcción de su antropología filosófica.
Aclaración: uno de los problemas recurrentes del pensamiento contemporáneo es producto de la mutilación del mismo en función de caprichos a los que los someten algunos lectores y pensadores. Sucede con frecuencia y es por esta misma razón que existen pocas lumbreras que, en un arrebato de honradez, además de ser conocedores de uno u otro autor, entablan una relación íntima y creativa con las ideas de sus antecesores. Es decir, para evitar alguna lectura antojadiza de Kant, haremos un recuento de sus líneas fundamentales.

Tres son las improntas del filósofo alemán frente a la problemática de su tiempo. Su tiempo estuvo marcado por una dicotomía que, además de amenazar la fluidez del pensamiento, generaba miradas parciales sobre el conocimiento que Kant consideró un hecho conjunto y armonioso de las facultades humanas. Sus críticas nacieron para responder a las dificultades en las que se habían afincado irreconciliablemente el racionalismo y el empirismo.
Por un lado, una cosa era cierta para Kant: no todo se sostiene sobre la razón ni todo es generado por la experiencia. Por otro lado, era una imprescindible consecuencia, encontrar un enlace en el que calzará un fenómeno humano que aún sigue siendo de derecho pleno, humano: el arte. La crítica de la razón pura tiene como objetivo sentar las bases de una metafísica que no desdice a la experiencia, sino que la configura. La crítica de la razón práctica responde a la cuestión de los que podemos y debemos hacer. La experiencia no ordena a la razón; le permite discernir, le brinda "cuerpo".
Finalmente, la belleza expresada en el arte tuvo su propia crítica, la de la facultad de juzgar. Eso que nos hace más humanos, nos hace comunidad y nos permite comunicar es el juicio sobre lo bello. Es pues, el arte, un paso más allá, pero que dependía de una clarificación metafísica y moral. De esta forma se configuran las preguntas elementales del pensamiento Kantiano: ¿Qué puedo saber? ¿Qué debo hacer? ¿Qué puedo juzgar? Pero más adelante en el viaje vital a once años de su muerte nace la cuestión sobre lo ¿Qué me cabe esperar? Es decir, el aspecto religioso para culminar con una pregunta asaz antigua y complicada: ¿Qué es el hombre?

cinco marcos
Pero debemos detener este grosero resumen de Kant y afirmar su pertinencia moderna. Ya en un artículo sobre Octavio Paz y La llama doble mencionábamos lo que este denunciaba: la deformación y el oneroso olvido del concepto del hombre, de lo humano. Es claro que esta es una consecuencia del olvido de las cuatro preguntas anteriores.
En nuestros tiempos todos tienen razón en base a lo que creen y a sus argumentos por considerarlos justos siempre. O la razón deviene de la experiencia: si siento esto, tengo la verdad y ella no depende de argumentos, sino de lo que me place. La necesidad de volver a Kan reside en esto: reconocer las limitaciones de nuestra humanidad que se ha hinchado generando conflictos inacabables.
La razón se ha deformado bajo la lupa del cientificismo y el empirismo bajo la lógica del placer. Y no es que el que escribe estas líneas sea un retrogrado, sino que no está de más, el detenimiento autocrítico al que se sometió Kant, justamente, para sentar nuevas bases sobre lo aparentemente irreconciliable (la razón y el sentir).

Finalmente, después de la lectura costosa del filósofo de Konigsberg (porque en verdad lo es), la cuestión de la humanidad tendría, sino la respuesta, una perspectiva más amplia y llena de matices y conexiones de la que es falto todo debate de estos últimos años en casi todos los terrenos. Sí, matices y degradé, delicadeza quirúrgica enseñada con maestría por el autor de Prolegómenos es lo que se precisa en estás pugnas obcecadas sobre "n" temas y siempre tan tercamente acríticas (léase la defensa de la democracia por los EEUU, las dictaduras en el globo, los derechos de diversos colectivos, etc., etc... ad infinitum).
PDT.
Nótese, también, que es tan amplio el criticismo kantiano que ha sido empleado con notable éxito por el nazismo y sirve para justificar una serie de argumentos que olvidan la necesidad de armonía que se asienta sobre el sujeto y no sobre secciones del mismo.