Juan XXIII en 5 puntos
Una mirada a la importancia del nuevo santo de la Iglesia
Una sociedad que se apoye solo en la razón de la fuerza ha de calificarse de inhumana.
Sería el colmo de la inocencia no reconocer que las cuestiones más importantes que envuelven a un colectivo no tengan que ver con el poder. De él devienen distintos tipos de pugnas en diferentes planos. Se está hablando mucho sobre las cuestiones políticas, por ejemplo, sobre el tema de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, pero más se está cayendo en el pataleo que en la lectura de balance sobre los hechos.
Y el poder siempre ha sido tomado en cuenta por aquellos hombres que se han reconocido en la capacidad de destruir como la de edificar. Ahora nos encontramos frente a una de esas, que además de ser bromista (hay muchas anécdotas de su buen humor), asumió retos impensables, sobre todo a la edad (76 años) en la que asumió un cargo tan importante en el orbe como la de ser guía máximo de una religión.
Ya su lema papal ("Obediencia y paz") anunciaba rasgos que lo definirían como el "Papa bueno" que, en la brevedad de su pontificado (5 años), supo llegar a la feligresía de una manera similar a la del actual papa Francisco. Y es que Angelo Giuseppe Roncalli, nacido en una familia de campesinos, comprendía la importancia del calor humano. Aquí cinco puntos que delinean su figura:

Foto de cardenal en 1953
1) Su ánimo inquieto y caluroso le llevó a romper el protocolo de la estructura vaticana y ser el primer Papa en salir de sus muros y visitar las parroquias de Roma además de cárceles y hospitales. Es difícil que bajo este gesto sencillo no se ganara el cariño de la gente.
2) Tomó el nombre del tercer antipapa de la Iglesia Católica. Durante el llamado Cisma de Occidente, éste habría querido asirse al poder, pero luego del Concilio de Constanza y de querer huir del mismo porque las cosas no salían a su favor, terminó rindiendo fidelidad a su sucesor Martín V. La Iglesia evadió 500 años el nombre de Juan por esas razones, pero Roncalli no se resistió a sentirse identificado con el más joven de los doce apóstoles y renovar tal nombre para la historia.
3) En 1963 escribió una encíclica (mes y medio antes de su muerte) que salía de los cánones normales de la Iglesia porque era dedicado a "todos los hombres de buena voluntad" debido a la crisis de los misiles. El título de este documento es "Pacem in terris" (Paz en la tierra) y es justificado de manera no solo política, sino también práctica ya que el mundo vivía amenazado por la guerra fría y el Papa había ya sobrevivido a dos guerras mundiales y aprendido de sus horrores. El mensaje era sencillo: las carrera armamentística no conduciría a la justicia y menos a la paz.
4) Renovó la curia romana rompiendo esquemas tradicionales sobre el episcopado ya que nombró cardenales a un japonés, un africano, un filipino y un venezolano además de que más de la mitad de los nuevos elegidos no eran de procedencia italiana. Clara muestra de su apertura frente a las necesidades de renovar perspectivas en la Iglesia.
5) El más importante de los puntos y que cambiaría la situación de la Iglesia en un mundo en plena trasformación fue, sin duda alguna, la decisión de convocar al Concilio Vaticano II de carácter ecuménico (a nivel planetario) para evaluar y renovar la mirada de la religión cristiano-católica sobre diversos temas de la sociedad contemporánea.
Se invitó además a este Concilio como observadores y participantes a diversos representantes de las religiones mundiales como judíos, musulmanes e hindúes, además de las diferentes denominaciones cristianas como luteranos, anglicanos y ortodoxos. Hecho que hizo trascender a un Papa que se creía de transición.

Fue elegido hombre del año en 1962
Cabe destacar que Juan XXIII no pudo ver el final de su obra ya que el Concilio culminó dos años después de su muerte, en el papado de Pablo VI. No obstante la dinamización de la Iglesia de le debe a este hombre que ha llegado a los altares con justicia de su importancia clave en la historia moderna de la Iglesia además de un milagro atribuido a su intercesión y requisito necesario para la canonización.