#ElPerúQueQueremos

Un mar alcoholizado

El recuerdo está inmensamente poblado

Publicado: 2014-05-15

Después de poetizar el difícil trabajo de aclimatarse a la Ciudad de los Reyes (incluso para los que nacen acá es un problema), de incrustarse en la capital y reconocer los miasmas del Perú y de Latinoamérica, de mirar cara a cara a este abismo llamado Lima; Mario Morquencho nos entrega Un mar alcoholizado (Paracaídas editores). Poemario en el que retrotrae la vida de la provincia, pero ya trastocada por una mirada que reposa en otra tierra. La voz de la memoria es migrante ahora, desterritorializada y por estas mismas características, fuerte.


Después de leer gustoso su itinerario poético reconocemos inmediatamente que la intuición es una de las claves primeras de su poesía. Está llena de inocencia incluso al hablar de cuestiones brutales. Y si es que la intuición guía este arte de tejer las palabras, Mario Morquencho, demuestra ser un poeta en clara evolución, una que recorre las diversas posibilidades de la palabra misma antes de que la técnica especializada. 


Un mar alcoholizado, dos partes, diecinueve poemas, un prólogo, una contratapa y un par de reseñas (una ya escrita en este medio, incluso). Queremos volver al poeta por una simple razón; queremos dejarle hablar un poco más a la poesía y dejar los malabares que hablan más del que reseña que del reseñado, que no permiten ver la materia que interesa en sus palabras; palabras que bien podrían exagerar, tal vez por cariño al autor u otras razones, la valía de su verso.


Uno de los primeros rasgos que interesan en su poesía es la fauna que la puebla. Se suele decir que los escritores tienen sus bestiarios, pero ese término responde a una herencia colonial. No. Mario Morquencho no tiene un bestiario o una relación de monstruos, sino una población de seres con los que se comparte la vida. El mar, el perro, el gato, los pájaros, los bichos conviven con la voz poética, con los pescadores, con la madre. No existe una distinción radical entre uno y otro, son compañeros de camino. La poesía de Morquencho está poblada y no por el alcohol que puede hacer alucinar a uno; está poblada porque la soledad no existe frente al mar. En el poema 13 el muelle es el personaje como en uno de los primeros cuentos de Óscar Colchado ("El primer pescador"), por ejemplo.


Otro de los atisbos de su libro reside en la poetización de las anécdotas. Y es admirable el tratamiento de las mismas porque no se pierden los detalles fundamentales de las mismas: la música, los giros lingüísticos, los infaltables animales que acompasan el dolor de la vida. Tenemos en el poema 1 la muerte de un buzo a manos de un pescador (quizá por casualidad) de un arponazo. En el poema 2 la ruina de un hombre de vida prometedora, la tristeza de las putas en el poema 3, entre otros. Hasta los barcos meditan, el pescado mismo:


Aquí llega mi cuerpo pálido y plateado 

                                        no azul como el cielo

                         sino verde hastiado por el sol...

              ... en los aires gallinazos de rojiza cabecera

                         se rigen mis tripas descompuestas... (pp.21)


El poeta está en un constante devenir. Deviene gallinazo, gaviota, pescador, tallán, albatros. El poeta no se sustrae al caos sino que lo acepta como condición primordia de su poesía; claro que esta situación es una lucha difícil: es una bajeza ir por el mundo/ teniendo nudos en la garganta/ tragando caos tras caos (pp.33), pero más adelante dirá que siempre uno se puede encontrar con la maravillosa canción después del caos (pp.36). No es vana entonces la abundancia en su poesía, no es un juego de la memoria o artilugio, se responde así a un apertura total representada en el mar. 


Pero antes de llegar a él en ese crescendono se sustrae de la ternura total al delinear a su madre en un diálogo también total, incondicionado: hasta que la marejada que dibuja tu rostro/ se convenza de que el dolor de parto/ nunca ha sido en vano (pp.48). Vemos que las circunstancias de la existencia en el poemario se niegan a la idealización y se sitúan en el ideal de lo completo: lo bajo y lo alto conviven, emergen y son reconocidos en su diferencia (este ánimo no hace recordar Réquiem de Ledo Ivo). En comparación con la velocidad de Ciudadelirio, Un mar alcoholizado, por efecto de la labor de la memoria, aquilata lo mejor que puede lo atropellado de las imágenes que la asaltan por todos los frentes.


La segunda parte del libro esta compuesta por un poema que le da un sentido más profundo al conjunto. Titulado "Desde los orígenes", este texto hace el viaje molecular de las relaciones mar-costa, mar-alcohol, mar-memoria, mar-poeta, mar-historia en los que se puede reconocer los enlaces intensos por los cuales el pasado se hace patente porque no ha dejado de ser; porque, además, se puede surfear sobre él mirándole a los ojos marinos que tiene en un infinito bautismo que invoca a la desnudez.


Son más aciertos los que posee este segundo libro de Morquencho y marcan una clara evolución en su poesía que promete ir afinando los versos y sus imágenes, pero claramente se nota una trabajo dedicado al pulimento que no obvia dejar aristas que sirven de enlace a las vibraciones de una práctica poética que llamaremos poblada y dinámica; hecho que nos parece importante y sincero en su labor poética.

   



  

 



Escrito por

Octavio Mermão

Creyente, extranjero, hermano menor de las palabras.


Publicado en

Quién hace tanta bulla

Nos hemos peleado tanto que ya es hora de volver a los abrazos.