- Paso a cualquier ritmo
Tengo un amigo cronista. Cronista menor a fuer de ensayarlo durante buen tiempo. Llegué a una pequeña conclusión después de leer una compilación inédita suya y que habla de su pequeña o casi imperceptible ciudad. Las crónicas son diarios colectivos escritos por una persona cualquiera, una persona que quiere ejercitar sus impresiones sobre lo que puede ofrecerle la calle o el día (¡idea demasiado evidente!). El tiempo ayuda mucho en este trabajo como, por ejemplo, un aniversario más de mi país.
Este texto no debería tener comas por la simple lógica de que mi país no ha tenido la oportunidad de sentarse y respirar desde la invasión española... al menos eso creo... tal vez nunca dejó de galopar. Pero, en fin, soy un peruano en Brasil que habla del Perú y que, cuando estaba en su tierra, mucho de ella no decía. Entonces la crónica tiene sentido, alejamiento, extrañamiento.
Veo en las pantallas de computadora y televisores festejos. De qué me digo si andamos bien colonizados, pero entonces encuentro botellas de cerveza, polladas, waynos, mucho rojo y blanco y mucha fanfarria de lo que no tenemos en verdad: poder militar o estabilidad política. Este es justamente el tiempo que percibo desde otra tierra: un país que se ríe, a pesar de todo y con todo, un país que no quiere decir no, un país que celebra porque sí, porque, ¿para qué, a veces, tener la cara larga? Yo solo pongo las impresiones. No soy patriotero, solo me admiro, me siento extraño (¿Celebraría igual?) .
No estoy negando los problemas, pero se me viene a la mente que nacieron más peruanos de los que murieron durante la década de los 80 y entonces este tiempo tiene sentido pleno (podemos estar crónicos pero no muertos). Los muertos son semillas que deberían ser abonadas mejor para vivir un presente completo a pesar de tanto muro. Tal vez ese sería el cuadro: felices con nuestros muertos este 29 de julio en una danza extensa que no le niega la mano a nadie.
Publicado: 2015-07-29
La crónica puede ser muchas cosas, pero creo que es el diario de una ciudad o país con la manos medio inútiles, mas las mente, no.
Escrito por
Octavio Mermão
Creyente, extranjero, hermano menor de las palabras.
Publicado en
Quién hace tanta bulla
Nos hemos peleado tanto que ya es hora de volver a los abrazos.