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- Hoy me desperté por tercer día consecutivo mirando los ojos de mi hija y tirado en mi cama; el televisor prendido y las medias tiradas sin concierto en el cuarto. Ese es un buen signo: ahora reconozco un poco mejor la vida. Estoy más animado. El desorden es uno de esos signos de felicidad que la gente se niega a aceptar como si fuera una enfermedad o una falta de seriedad frente a la tan “seria” y “madura” vida.
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Cada quien tiene su espacio. La cocina es para cocinar, no para jugar. El fuego no es un buen amigo de juegos y si te atreves a entrar en confianza con él las consecuencias no se harán esperar. Eso lo hemos aprendido bien los tres, felizmente. Por eso nuestra pequeña acompañante tiene su espacio donde puede “desparramar” sus ilusiones, imágenes; un lugar donde soñar y que, por ahora, no tendrá amenazas.
Le digo de vez en vez que no entre a la cocina cuando se le “olvida” y mi esposa me sigue con el “haz caso a papá”… esa simple imagen le quita algo de sombra a mis sueños (no todas) porque aún falta trabajar para dar más luz, más forma a todo esto.
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- “Amor, no debes de dejar la taza salpicada de tu orín”... sonrío… “es que, es que”, replico... No hay excusa que valga: no estoy en una cantina, estoy en un espacio donde convivimos tres ahora y se debe limpiar dicha taza, y punto. Detalles que la vida me enseñó rápidamente a olvidar y que me enseña a recuperar. Por un tiempo pensé que los había perdido, pero estaban ahí, a la espera de una voz que los reactivase (las mujeres son buenas para este tipo de alertas). Eso es lo interesante de tener una nueva forma de vivir: tirones por aquí, tirones por allá, todo en orden, buenos días, buenas tardes, buenas noches.
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- Ella nos acompaña en la cama. Se va acomodando en una de sus esquinas, como descubriendo a tientas el nuevo lugar donde amanecerá por un tiempo aún incierto.
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- Pienso en luz y en combustible para esta situación, porque aún no todo está iluminado por completo… debo agregar más trabajo. Esta luz de ahora me indica que el camino final no es aquí (técnicamente sé dónde debe acabar). Aun falta andar mucho, solo que esta vez es un viaje de tres... Tomados de la mano (sorprendido me encuentro escribiendo esto, pero, ¡qué importa!, hay que variar los días un poco más de vez en cuando).
Publicado: 2015-07-31
Detrás de un cronista hay muchos cronistas. Nadie puede escapar al tiempo que siempre quiere ser expresado.
Escrito por
Octavio Mermão
Creyente, extranjero, hermano menor de las palabras.
Publicado en
Quién hace tanta bulla
Nos hemos peleado tanto que ya es hora de volver a los abrazos.